El Presente, donde se encuentran el Pasado y el Futuro


By Blanca A. Garcí... - Posted on 18 March 2009

El 22 de abril de 1971 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Tierra. Pasaron más de dos décadas (1993) hasta que le llegó el turno al Agua y a la Biodiversidad, con el 22 de marzo y de mayo como Días Internacionales. Y es que, según parece, nos ha costado bastante ver que la Biodiversidad es nuestro "capital natural" (Costanza et al., 1997), uno de nuestros bienes primordiales, de los que se nutren la mayoría de los demás, y que deberíamos defender y conservar.

Así, son muchos los esfuerzos dedicados a tratar de establecer como se verá  afectada la Biodiversidad como consecuencia de la actividad humana y nuestro cambio climático acelerado (Gucinski et al., 1990; Kitching, 1994; Heller & Zavaleta, 2009). Sin embargo, como apuntaran ya Lyell y Hutton en el siglo XVIII, la clave el futuro está en el pasado y para conocer este pasado, hay que estudiar el presente; es lo que denominaron "Actualismo".

Han sido muchos los trabajos que, estudiando las comunidades fósiles y comparándolas con faunas actuales, han tratado de inferir el tipo de ambiente y los posibles cambios climáticos acaecidos en diferentes puntos del planeta a lo largo de su historia (Andrews et al., 1979; Olson & Rasmussen, 1986; Hernández Fernández, 2006; Hernández Fernández et al., 2006). Sin embargo, el actualismo no sólo rige el objeto de estudio, sino también el método científico. Los científicos debemos volver al pasado para avanzar en nuestro trabajo, conocer los grandes clásicos de la Ciencia.

Uno de estos clásicos es el trabajo de Andrews, Lord y Evans de 1979 en el que, a partir del estudio comparativo de 23 comunidades actuales de mamíferos, pudieron establecer las condiciones ambientales presentes en el Este de Africa desde el Mioceno inferior hasta el Peistoceno. Desarrollaron el concepto de Diversidad Ecológica (Fleming, 1973) bajo el prisma de la paleoecología. El propio Fleming estableció una relación entre el gradiente latitudinal y la diversidad ecológica, comprendida como las diferentes adaptaciones de locomoción, tamaño y tipo de dieta de las distintas especies. Esto es, el tipo de locomoción y dieta, así como el tamaño corporal de las especies que conforman una comunidad cambian a medida que varía la latitud en la que habitan.

Andrews y sus colaboradores fueron más allá. Catalogaron las 23 comunidades africanas actuales en función del tipo de vegetación imperante como: pluviisilva, bosque tropical deciduo, bosque montano, sabana, matorral o llanura de inundación. Luego definieron una serie de categorías discretas de taxonomía, locomoción, dieta, y tamaño corporal, y clasificaron cada especie presente en cada localidad en base a estas categorías. Así, pudieron definir lo que podría denominarse como "espectro taxonómico", "espectro locomocional", "espectro dietario" y "espectro de tamaños corporales", que no son más que los porcentajes de especies en cada categoría taxonomica, locomotora, dietaria y de tamaño, para cada localidad actual. Una vez definidos los espectros y con una fórmula matemática compleja determinaron el "Índice de Diversidad Ecológica" para cada localidad. Establecieron una relación entre el tipo de paisaje y los espectros, así como con el IDE. De esta manera, calculando los espectros e IDE de las localidades fósiles se podría inferir el tipo de paisaje imperante en la región cuando la habitaban las especies fósiles.

Con más éxito en unos yacimientos que en otros pudieron determinar que a lo largo de los millones de años el paisaje del Este africano pasó de ser más forestal durante el Mioceno inferior, a paisajes más abiertos, de tipo sabana con pequeños cursos de agua durante el Mioceno medio e incluso de tipo bosque de matorral durante el Peistoceno.


Es relativamente sencillo ver la relación entre clima y las especies del planeta y por tanto, ver que es innegable que el cambio en el primero repercute en las segundas. Por desgracia, el conocimiento, quizá la mejor defensa, no nos permitirá evitar lo que ya es un hecho consumado. Entre todos hemos diezmado y saqueado una parte de nuestro patrimonio natural, pero... ¿quién cumplirá la pena?

Referencias
  • Andrews, P.; Lord, J.M. & Evans, E.M.N. (1979) Patterns of ecological diversity in fossil and modern mammalian faunas. Biological Journal of the Linnean Society. 11: 177-205.
  • Constanza, R.; d'Arge, R.; de Groot, R.; Farber, S.; de Grasso, M.; Hannon, B.; Limburg, K.; Naeem, S.; O'Neil, R.V.; Paruelo, J.; Raskin, R.G.; Sutton, P.; van der Belt, M. (1997). The value of the world's ecosystem services and natural capital. Nature. 387: 253-260.
  • Fleming, T.H. (1973) Numbers of mammals species  in north and central American forest communities. Ecology. 54: 555-563.
  • Gucinski, H.; Lackey, R.T. & Spence, B.C. (1990) Global Climate Change - Policy Implications for Fisheries. Fisheries. 15(6): 33-38.
  • Heller, N.E. & Zavaleta, E.S. (2009) Biodiversity management in the face of climate change: A review of 22 years of recommendations. Biological Consevation. 142(1): 14-32.
  • Hernández Fernández, M. (2006) Rodent paleofaunas as indicators of climatic change in Europe during the last 125,000 years. Quaternary Research. 65: 308-323.
  • Hernández Fernández, M.; Alberdi, M. T.; Azanza, B.; Montoya, P.; Morales, J.; Nieto, M. & Peláez-Campomanes, P. (2006) Identification problems of arid environments in the Neogene-Quaternary mammal record of Spain. Journal of Arid Environments. 66: 585-608.
  • Kitching, R. L. (1994) Biodiversity-political responsibilities and agendas for research and conservation. Pacific Conservation Biology. 1(4): 279-283.
  • Olson, S.L. & Rasmussen, D.T. (1986) Paleoenvironment Of The Earliest Hominoids - New Evidence From The Oligocene Avifauna Of Egypt. Science. 233(4769): 1202-1204.